Información General  Jueves 17 de Septiembre del 2026 - 11:14 hs.                62
  Información General   17.09.2026 - 11:14   
Columna de opinión por Hernán Rausch*.
Injusta justicia...
Sentado frente a la pantalla, en esto días de septiembre, no dejo de leer y escuchar repercusiones desfavorables respecto al fallo deficiente, concerniente a la causa Ilarraz, del máximo tribunal nacional: Corte Suprema de Justicia de la Nación, pronunciándose a favor de la prescripción de la acción penal.
Injusta justicia...


Escuchar y leer noticias adversas en causas encaminadas a juicios, en las cuales esperanzados sobrevivientes, luego de largos años, habían podido quebrar y romper el pacto de silencio impuesto por su abusador, reciben la desgarradora noticia del último recurso de defensa del acusado, no buscando evidencia que desacreditaban los hechos, sino recurriendo y apostando al paso del tiempo, a la prescripción, medio que no hace más que confirmar hechos aberrantes, pero que, mediante ese recurso, caen y cierran causas, dejando a víctimas decepcionadas y desconsoladas. 

Este planteo del paso del tiempo no solo es un modus operandi de las defensas de los impostores, sino el resultado de un fallo tibio y mediocre de uno de los Poderes Nacionales, distante, frío e indiferente en sus definiciones, ante tan grande atropello en temas como los Tratados Internacionales referentes a los Derechos de los niños, vulnerados y avasallados en un descansado y fácil argumento: prescripción. 

Cabe recordar que, los sobrevivientes, alcanzar poner en palabras lo sucedido en esas instancias privadas, es de un valor y esfuerzo descomunal, requiere coraje y valentía, endereza y vehemencia para recordar y detallar acciones maquiavélicas.

En estas últimas semanas no han parado de prescribir estas causas de abuso sexual, generando gran decepción en individuos que consiguieron volcar en palabras su tenebrosa historia, dejando como resultado a personas lastimadas y desahuciadas, rotas y desestabilizadas, después de recibir tan desafortunada noticia, buscando auto consolarse, quedando desamparados. 

Estos resultados dejan al desnudo otro tema pendiente de parte de la Iglesia y el Estado, en la mayoría de los sucesos, no acompañan, después de haber generado ellos mismos estos desastres sociales, mediante la decadente educación y formación, la detenida, lenta y tardía justicia, haciendo mención también a situaciones generales de una problemática social. Es una cuenta pendiente crear comisiones de seguimiento y contención de parte de la Nación para víctimas de maltrato y daño infantil, con inevitables ocultas secuelas, que perjudican el desarrollo de la vida, pero sin dejar de lado, y de carácter urgente, tratar nuevamente en las Cámaras la temática de prescripción; los delitos de abuso sexual no deben prescribir, el afectado y damnificado denuncia a su agresor cuando puede, no cuando quiere, es dificultoso y requiere mucho esfuerzo hablar y contar detalles de las circunstancias vividas y transitadas.

Es por eso que, junto al pedido de desenmascarar estas dañinas acciones, quitándolo del interior mediante la palabra, alzando la voz, es importante, necesario y primordial la protección, contención y seguimientos en los tiempos posteriores de haberlo contado, para así tener herramientas que, medianamente, puedan ir superando ese trago amargo y continuar recomponiéndose y restaurándose. 

No es acción sencilla, evoca valor y amor propio, requiere resiliencia para volver a renacer y creer, confiar y afianzar nuevamente conceptos y valores manoseados y arrasados.   

En medio de estas desafortunadas noticias, aún estamos los sobrevivientes que reclamamos y apostamos a la empatía política y social, para generar mediante el reclamo y visibilizando los casos, el interés y tratamiento que demanda de manera urgente. 

Así, por estos meses, es como a través de los plazos constatados, víctimas no dejamos de reclamar, recurriendo y por intermedio de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la respuesta de parte del estado argentino, respecto a la prescripción de la causa Ilarraz, ya que la Corte Suprema, mediante su sentencia, dejaba de lado e ignoró, los Tratados sobre los Derechos de los niños, ante tan horrendos atropellos. 

Son causas que nos involucran y demandan a todos. El daño es familiar y social. Es un derecho que nos compete a cada uno. No seamos indiferentes ante este flagelo. 

Justicia para todos. 


*Rausch tenía 12 años cuando ingresó al seminario como pupilo. Denunciante de la causa Ilarraz.