El fenómeno no afectará solo al Litoral argentino: su alcance abarcará también el sur de Brasil, Paraguay y Uruguay. Lo que agrava el escenario es una coincidencia riesgosa: la etapa de mayor fuerza de El Niño se superpone con la época naturalmente más lluviosa de Entre Ríos —primavera y verano—, generando una doble presión climática. “Vamos a tener una doble situación crítica”, alertó el especialista.
Las proyecciones son alarmantes: se esperan lluvias que superen incluso registros de los últimos 120 años en zonas como Santa Catarina (Brasil). Esa agua caída fuera de la provincia también será determinante para la elevación de los grandes cauces.
Diferencias clave entre los ríos: el Uruguay, más rápido en subir
El comportamiento de los dos grandes ríos entrerrianos será distinto. Por su conformación de cuenca, el río Uruguay responde con mayor rapidez a las lluvias intensas, elevando sus niveles rápidamente frente a ciudades ribereñas como Concordia, donde ya se registró avance del agua sobre la costanera.
El río Paraná también crecerá, aunque las barrancas y sectores elevados de su costa mitigarán el impacto en algunos puntos. Aun así, en la capital provincial, Paraná, se prevé que supere los seis metros —igual o peor que la histórica inundación de 2016—, comprometiendo zonas bajas y espacios como Puerto Sánchez.
Meses críticos y consecuencias inmediatas
Desde septiembre comenzará el aumento progresivo de los efectos, pero noviembre y diciembre colocarán a Entre Ríos en el epicentro de la crisis. Incluso se estima que la crecida podría superar las de 1997/98 y 2016. Una consecuencia directa será la pérdida de temporadas recreativas: “Es casi una certeza que no vamos a tener playa este año, ni en la costa del Uruguay ni en la del Paraná”, advirtió Pintos.
La preocupación no es solo para las grandes urbes ribereñas: localidades como Gualeguay enfrentan el reto de evacuar el agua acumulada dentro de la ciudad, dependiendo del correcto funcionamiento de bombas; en Rosario del Tala, se trabaja activamente en limpieza de arroyos y desobstrucción de cauces con maquinaria provincial.
Prevención: mitigar daños, no detener el fenómeno
Las autoridades coordinan con municipios obras y medidas preventivas, aunque el ingeniero fue claro: “No podemos evitar la inundación, es un fenómeno natural, pero sí debemos hacer todos los esfuerzos para reducir sus consecuencias”.
Para cerrar, distinguió ambos fenómenos: El Niño es natural y estudiado desde hace un siglo, mientras que el calentamiento global amplifica su crudeza. “El cambio climático hace que los eventos sean más extremos —remarcó—; está ligado al exceso o falta de agua, y es consecuencia de un trato insostenible con el ambiente”. La advertencia final une la emergencia inmediata con una reflexión necesaria sobre el cuidado del entorno.