Locales  Miercoles 17 de Junio del 2026 - 11:06 hs.                60
  Locales   17.06.2026 - 11:06   
Se debatirá en Rosario, en una Jornada de Cardio Geriatría.
Riesgos invisibles que amenazan la salud cardiovascular de las personas mayores.
Especialistas advierten que en los adultos mayores existen determinantes menos conocidos que los factores de riesgo habituales, pero que pueden resultar igual o más decisivos para desencadenar un infarto, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca. La fragilidad, la pérdida de masa muscular, la malnutrición, la polifarmacia, el aislamiento social y la depresión son algunos de una nueva generación de factores de riesgo que obligan a repensar la prevención cardiovascular.
Riesgos invisibles que amenazan la salud cardiovascular de las personas mayores.

Gracias a los avances en salud, la mejora de las condiciones de vida y los progresos terapéuticos, cada vez más personas alcanzan edades avanzadas. Los nonagenarios y centenarios, que hasta hace algunas décadas eran una excepción, hoy forman parte de la práctica cotidiana de los equipos de salud. Este envejecimiento de la sociedad obliga a replantear muchos de los paradigmas tradicionales de la medicina.



Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte y discapacidad en las personas mayores. De hecho, según las últimas cifras de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, el 89% de los fallecimientos por las enfermedades del sistema circulatorio correspondieron a personas de 60 años y más. Entre este conjunto de patologías se agrupan a las enfermedades hipertensivas, las isquémicas del corazón, la insuficiencia cardíaca, las demás enfermedades del corazón, las enfermedades cerebrovasculares, la ateroesclerosis y las demás enfermedades del sistema circulatorio.



Sin embargo, los especialistas coinciden en que la manera de entender el riesgo cardiovascular está cambiando. Durante décadas, la prevención se apoyó casi exclusivamente en factores tradicionales como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo, entre otros. Aunque estos determinantes siguen siendo fundamentales, hoy se sabe que existe un conjunto de condiciones estrechamente vinculadas al envejecimiento que pueden influir de manera decisiva sobre el pronóstico cardiovascular.



Los cardiólogos definen a la ‘fragilidad’ como un síndrome independiente de la edad cronológica, de origen multicausal, influenciado por factores genéticos, clínicos, ambientales y psicosociales. Esta perspectiva dinámica y multidimensional se caracteriza por una disminución de la reserva biológica y un aumento de la vulnerabilidad ante factores estresantes, con impacto negativo en el constructo del envejecimiento saludable (entorno, capacidad funcional e intrínseca). 



Lejos de ser sinónimo de vejez, la fragilidad es considerada actualmente un síndrome biológico complejo, multidimensional y potencialmente reversible. Esta condición aumenta el riesgo de enfermedad, discapacidad, internaciones, dependencia y muerte. 



Convocados por la relevancia de esta situación, cerca de 100 médicos se darán citan en Rosario, en el edificio de la Bolsa de Comercio, el viernes 19 de junio para asistir a la II Jornada del Consejo de Cardio Geriatría de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), organizada junto con el Distrito Santa Fe de la SAC y la Fundación Cardiológica Argentina (FCA). La actividad combinará propuestas destinadas tanto a los profesionales de la salud como al público general.



La Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) publicó recientemente un Documento de Posición sobre Fragilidad y Valoración Integral en Cardiología , elaborado por especialistas de todo el país, que propone incorporar de manera sistemática la evaluación de la fragilidad en la práctica cardiovascular.



“Durante muchos años evaluamos el riesgo cardiovascular observando principalmente la presión arterial, el colesterol o la glucemia, entre otros factores. Hoy sabemos que eso es insuficiente. La fragilidad, la pérdida de autonomía, la sarcopenia o el aislamiento social pueden modificar profundamente el pronóstico cardiovascular de una persona mayor. Por eso debemos dejar de mirar solamente la enfermedad y comenzar a mirar a la persona en forma integral y en el centro de la toma de decisiones”, sostuvo el Dr. Guillermo Suárez, director del Consejo de Cardio Geriatría de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y uno de los coordinadores de la Jornada. 



Uno de los aspectos más innovadores de esta visión es que no es suficiente la utilización de la edad cronológica como principal parámetro para tomar decisiones médicas y constituye solo una visión parcial del problema: dos personas de 80 años pueden presentar estados de salud (y, específicamente, riesgo cardiovascular) completamente diferentes. Mientras una mantiene independencia funcional, actividad física, vínculos sociales y buena reserva biológica, otra puede presentar múltiples déficits que la vuelven particularmente vulnerable.



En opinión del Dr. Sergio Baratta , presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, “frente al envejecimiento de la población, los médicos tenemos que tener en cuenta que el adulto mayor necesita un tipo distinto de atención, con un abordaje muy, muy específico, para el que los profesionales de la salud deben complementar su formación. Por eso desde la SAC conformamos este nuevo Consejo de Cardio Geriatría y llevamos adelante jornadas de capacitación, con el objetivo de intercambiar experiencias y promover la educación sobre el tema en nuestros propios colegas”.



Por eso, los especialistas proponen priorizar el concepto de edad biológica por encima de la edad cronológica. La diferencia no es menor. La edad cronológica indica cuántos años ha vivido una persona y la edad biológica, en cambio, refleja cómo envejecieron realmente sus órganos, sistemas y capacidades funcionales.



“La edad cronológica ya no alcanza para definir conductas. Necesitamos conocer la situación nutricional, funcional, cognitiva y social de cada paciente para comprender verdaderamente su riesgo”, explicó la Dra. María Alejandra Fradegrada, presidenta del Distrito Santa Fe de la Sociedad Argentina de Cardiología y también coordinadora de la reunión científica.



La evidencia muestra además que la relación entre fragilidad y enfermedad cardiovascular es bidireccional. Por un lado, las enfermedades cardiovasculares favorecen el desarrollo de fragilidad. Por otro, la fragilidad aumenta la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares graves y empeora significativamente el pronóstico de quienes ya presentan una enfermedad cardíaca.



Estudios internacionales citados en el Documento de Posición de la SAC muestran que la prefragilidad y la fragilidad se asocian con un incremento significativo de la mortalidad y de los eventos cardiovasculares mayores, incluso después de ajustar por los factores de riesgo tradicionales.



Esto significa que una persona puede tener la presión controlada, el colesterol en valores adecuados y no fumar, pero aun así presentar un riesgo cardiovascular elevado si existen otras vulnerabilidades que no están siendo detectadas.



Nuevos factores de riesgo

Entre los factores de riesgo menos conocidos que concentran actualmente la atención de los especialistas se encuentra la sarcopenia, que consiste en la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular. 



También la nutrición, ya que tanto el exceso de peso como la desnutrición pueden asociarse con peores resultados clínicos, con el agravante de que en las personas mayores, la malnutrición suele pasar inadvertida. La disminución del apetito, las dificultades económicas, los problemas dentarios, la soledad o ciertas enfermedades crónicas pueden favorecer déficits nutricionales que impactan directamente sobre la fragilidad y el riesgo cardiovascular.



No vacunarse es un factor de riesgo. Estar inmunizado frente a patologías como la gripe, la neumonía o el COVID-19, entre otras, permite evitar enfrentar cuadros que pueden contribuir a desencadenar episodios cardiovasculares, sobre todo en personas que además presentan algún otro factor de riesgo.



Por otro lado, el documento de la SAC menciona a la polifarmacia, explicando que el aumento de la expectativa de vida ha permitido controlar numerosas enfermedades crónicas, pero también ha generado una mayor exposición a tratamientos simultáneos. Muchas personas mayores consumen una gran cantidad de medicamentos diariamente y aunque en muchos casos son necesarios, los especialistas advierten que la acumulación de fármacos incrementa el riesgo de interacciones medicamentosas, efectos adversos, caídas, deterioro funcional y dificultades para cumplir correctamente los tratamientos.



Adicionalmente, se ha demostrado que la salud cardiovascular también depende de factores sociales, psicológicos y emocionales. La depresión, el estrés crónico, la ansiedad, la soledad y el aislamiento social se asocian con una mayor incidencia de enfermedad cardiovascular y una peor evolución clínica. No tener pareja, contar con una red de apoyo limitada o carecer de vínculos significativos son situaciones que pueden afectar directamente la salud física.



Lejos de tratarse únicamente de problemas emocionales, estas condiciones generan respuestas biológicas que favorecen procesos inflamatorios, alteraciones hormonales y mecanismos vinculados con el desarrollo de enfermedad cardiovascular. Por ese motivo, los especialistas consideran que la salud mental y la salud social deben formar parte de cualquier estrategia moderna de prevención cardiovascular.



También existen determinantes vinculados al género: las mujeres suelen presentar una mayor acumulación de déficits asociados al envejecimiento, aunque al mismo tiempo exhiben una sobrevida superior a la de los hombres. Este fenómeno, conocido como “paradoja de salud y supervivencia”, constituye una de las áreas de investigación más activas dentro de la cardiogeriatría. Asimismo, factores como la menopausia precoz y un mayor número de embarazos se han asociado con un aumento del riesgo cardiovascular a largo plazo.



Frente a esta realidad, la Sociedad Argentina de Cardiología propone avanzar hacia una valoración integral centrada en la persona y propone un enfoque que incorpora cinco dimensiones fundamentales: la esfera clínica, la nutricional, la funcional, la mental y la social.



“El objetivo ya no consiste únicamente en diagnosticar enfermedades, sino en comprender cómo vive cada persona, cuál es su grado de autonomía, cómo se alimenta, qué nivel de actividad física mantiene, cuáles son sus vínculos sociales, qué apoyo recibe de su entorno y cuáles son sus objetivos de vida”, sostuvo el Dr. Sebastián Benítez, médico cardiólogo, Coordinador de Consejos Científicos de la Sociedad Argentina de Cardiología. 



La evidencia muestra que este tipo de evaluación integral permite mejorar la calidad de vida, reducir internaciones, disminuir la institucionalización y optimizar los resultados clínicos.



Jornada de Cardio Geriatría en Rosario

Estos temas serán debatidos en la II Jornada del Consejo de Cardio Geriatría de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), organizada junto con el Distrito Santa Fe de la SAC y la Fundación Cardiológica Argentina, que tendrá lugar el próximo viernes 19 de junio de 9 a 20 hs en la Bolsa de Comercio de Rosario y combinará propuestas destinadas tanto al equipo de salud como a la comunidad general.



Durante la mañana, con acceso libre y gratuito, se realizarán charlas abiertas sobre nutrición, ejercicio, prevención cardiovascular, sueño, bienestar emocional, aislamiento social y construcción de redes de apoyo. Simultáneamente habrá postas sanitarias dedicadas al control de la presión arterial, vacunación, cesación tabáquica, alimentación saludable, actividad física y salud psicosocial.



Por la tarde, en el segmento dedicado a la comunidad médica, especialistas de distintas regiones del país debatirán sobre fragilidad, prevención cardiovascular, riesgo quirúrgico, vacunación, insuficiencia cardíaca, longevidad saludable y nuevas herramientas para el abordaje integral de las personas mayores.



La propuesta busca transmitir un mensaje claro: envejecer no es sinónimo de enfermedad; por el contrario, la longevidad puede transformarse en una oportunidad para construir una vida plena, activa y saludable. Pero, para lograrlo, será necesario ampliar la mirada y comprender que la salud cardiovascular depende de mucho más que la presión arterial o el colesterol. En la nueva cardiología de la longevidad, la prevención se centra con una mirada integral colocando a la persona en el centro de la toma de decisiones.