El consenso de los analistas apunta a una desaceleración explicada por tres factores: menor presión en alimentos, estabilidad cambiaria y una demanda todavía debilitada. Sin embargo, el alivio no despeja todos los interrogantes. Mayo podría mostrar un leve rebote por el impacto de tarifas, combustibles y ajustes pendientes en servicios regulados.
Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, la inflación de abril se ubicaría en torno al 2,6%, mientras que las consultoras que integran el Top 10 del REM la estimaron en 2,7%. La inflación núcleo, que excluye regulados y estacionales, también fue proyectada en 2,6%.
En la misma línea, la consultora Orlando Ferreres y Asociados estimó una inflación mensual de 2,6% para abril y sostuvo que se trató de uno de los registros más bajos de los últimos años, luego de la aceleración inflacionaria que siguió a la devaluación de diciembre. No obstante, la firma advirtió que mayo podría reflejar una suba algo mayor por el impacto de tarifas, combustibles y algunos ajustes pendientes en servicios regulados.
Otras consultoras también detectaron una desaceleración en alimentos y bebidas, uno de los rubros que más había presionado sobre el índice general en los primeros meses del Gobierno de Javier Milei. Analytica, EcoGo y Equilibra proyectaron variaciones mensuales por debajo del 3% y coincidieron en destacar el efecto de la caída del consumo y la estabilidad del dólar oficial sobre la dinámica de precios.
Abril trae alivio, pero la inflación todavía no perfora el 2%
El dato esperado para abril marcaría una baja frente al 3,4% de marzo, pero todavía no resolvería la discusión central: cuándo la inflación podrá perforar de manera sostenida el umbral del 2% mensual. Ese es el punto que empieza a mirar el mercado, sobre todo por la vigencia de mecanismos indexatorios y por el riesgo de que algún shock cambiario, tarifario o de expectativas vuelva a recalentar los precios.
Desde IERAL de Fundación Mediterránea señalaron que, aunque el dato de marzo fue “preocupante”, no aparecen condiciones para una espiralización inflacionaria. La razón principal es el enfriamiento de la demanda. Con ingresos golpeados y consumo débil, las empresas tienen menos margen para trasladar aumentos de manera agresiva.
El informe remarcó que abril podría traer “algún alivio” en el IPC, con un registro cercano al 2,5%. Pero advirtió que el interrogante de fondo es el momento en el que la variación mensual del índice pueda quebrar el 2%, en un contexto donde todavía operan mecanismos de actualización de precios y contratos.
La medición de alta frecuencia de Invecq también mostró una desaceleración, aunque sin ruptura definitiva del piso inflacionario. Según el IPC Invecq, en la última semana los precios aumentaron 1%, mientras que la inflación promedio móvil de cuatro semanas se ubicó en 2,7%.
El consumo débil funciona como ancla
El principal freno para una aceleración de precios es la debilidad del consumo. IERAL citó indicadores vinculados con ventas de bienes y servicios que muestran un mercado interno todavía golpeado. En particular, mencionó el relevamiento de Scentia, que registró fuertes caídas interanuales en supermercados y autoservicios, en parte por la comparación contra el pico transitorio observado doce meses atrás.
En la versión desestacionalizada elaborada por el investigador de IERAL Jorge Day, las ventas muestran en los últimos meses un aplanamiento de la curva. Ese comportamiento podría anticipar un piso de actividad, aunque todavía en un nivel cercano al 5% por debajo del segundo trimestre de 2025.
FIEL también marcó que los datos de actividad e inflación del primer trimestre fueron malos. Según la entidad, a febrero el PIB mensual corregido por estacionalidad se ubicaba 2,2% por debajo del nivel alcanzado a fines de 2025. Los indicadores preliminares de marzo sugerían una recuperación parcial, pero insuficiente para volver a los niveles de diciembre.
La aceleración de precios también impactó sobre los ingresos. FIEL señaló que la inflación mensual promedió 3,1% en los primeros tres meses del año, mientras que el registro de marzo fue incluso peor, con 3,4%. Esa dinámica implicó una pérdida del poder adquisitivo de los salarios formales, de algo más de un punto acumulado a febrero. En ese bimestre, sólo los ingresos de los trabajadores informales habrían mostrado una mejora en términos reales.
La confianza del consumidor también se deterioró. De acuerdo con la Universidad Torcuato Di Tella, el indicador cayó alrededor de 13% entre diciembre y abril, aunque todavía se ubica en un nivel intermedio de la serie histórica.
Para FIEL, el IPC de abril podría marcar el inicio de un camino descendente de la inflación, ayudado por la dilución de los cambios en precios relativos y por un tipo de cambio estable. La entidad proyectó que esa tendencia continúe durante el resto de 2026 y que la tasa de inflación mensual se reduzca a un promedio de 1,9%.
De cumplirse ese escenario, el año cerraría prácticamente en niveles similares a los observados en 2025. Sin embargo, ese sendero dependerá de que no se desordenen las expectativas y de que los precios regulados no vuelvan a empujar con fuerza sobre el índice general.
El riesgo inmediato está puesto en mayo. Las consultoras advierten que algunos aumentos de tarifas, combustibles y servicios regulados podrían generar un rebote moderado. El punto no sería una nueva espiralización, sino la dificultad para consolidar una inflación por debajo del 2% mensual.
Reservas, dólar y tasas: el equilibrio que mira el mercado
La estabilidad cambiaria aparece como una condición central para sostener la baja de la inflación. Desde IERAL advirtieron que, para evitar efectos indeseados sobre las expectativas, la volatilidad del tipo de cambio y las tasas de interés, será necesario que el Banco Central mantenga el ritmo de compras de dólares en el mercado cambiario.
El informe remarcó que esa condición es necesaria, pero no suficiente. Para completar el círculo, sería clave empezar a bajar de manera sostenida la prima de riesgo país. Según IERAL, eso requiere clarificar el programa financiero de acá a fin de 2027 y mostrar que los vencimientos de deuda del próximo año tienen refinanciación asegurada.
Emilio Botto, de Mills Capital Group, también puso el foco en el equilibrio entre inflación, reservas y dólar. “Es esperable la desaceleración de la inflación en abril tras el 3,4% de marzo, aunque parte de la suba de combustibles —que impactó sobre el cierre del mes— también va a tener arrastre en el dato de abril”, explicó.
Para el analista, más allá de los ajustes en educación y prepagas, el componente de combustibles explicó buena parte de la dinámica reciente y su efecto no se agota en un solo mes.
Botto sostuvo además que la acumulación de reservas no necesariamente entra en tensión con la meta monetaria, porque parte de los pesos emitidos se reabsorben mediante licitaciones que tienen un rollover superior al 100%. “El propio programa oficial ya contempla esa expansión: según el BCRA, la acumulación de reservas implica un aumento de la base monetaria del 4,2% al 4,8% del PBI, equivalente a unos US$10.000 millones en el año”, señaló.
El desafío del segundo semestre
La calma cambiaria actual está sostenida por una combinación de expectativas y estacionalidad. “Aun con tasas reales negativas, no hay una dolarización significativa porque el mercado no anticipa un salto del tipo de cambio en el corto plazo y espera la liquidación de la cosecha”, planteó Botto. Pero advirtió que el desafío aparecerá hacia el segundo semestre, cuando ese flujo estacional de divisas se reduzca.
Ese punto es clave para la inflación. Si el dólar oficial se mantiene estable y el Banco Central logra acumular reservas sin tensionar la meta monetaria, la desaceleración podría ganar consistencia. Pero si aparecen dudas sobre el frente financiero o sobre la disponibilidad de dólares, las expectativas podrían volver a presionar sobre precios, tasas y demanda de cobertura.
El Gobierno ncesita bajar la inflación, pero también evitar que la economía siga enfriándose. “El Gobierno es consciente de que los ingresos le están cayendo y que tiene poco margen para seguir ajustando el gasto, por eso está remonetizando para bajar la tasa, dinamizar el crédito y que así mejore el nivel de actividad”, sostuvo Botto.
El problema, según el economista, es que ese camino obliga a equilibrar dos objetivos difíciles: bajar la inflación sin enfriar más la actividad.
Abril podría convertirse en el primer dato de alivio después del salto de marzo. Si el IPC se ubica entre 2,6% y 2,9%, como esperan las consultoras, el Gobierno podrá mostrar que la inflación volvió a perforar el 3%. Pero el dato no alcanzará por sí solo para dar por consolidado el proceso de desinflación.
La discusión que viene será más exigente: si la economía puede pasar de una inflación en la zona de 2,5%/3% a otra más cercana al 2% mensual, sin depender únicamente de una demanda deprimida y sin que los precios regulados, los combustibles o el dólar vuelvan a marcar el ritmo.
Por ahora, el mercado espera una mejora. Pero también mira mayo, las reservas, el riesgo país y la capacidad oficial de sostener la calma cambiaria cuando se reduzca el aporte estacional de la cosecha.
(Fuente: Perfil)