Como a veces sólo leemos el título, vale hacer algunas aclaraciones.
La crónica recorre el pasado de la empresa alemana HOCHTIEF, que construyó nada
menos que el búnker de Adolf Hitler. HOCHTIEF construyó también el túnel subfluvial, como
parte de un consorcio internacional junto a la italiana VIANINI y la argentina SAILAV. Esa es
la supuesta "huella nazi" mencionada en La Nación.
El vínculo de HOCHTIEF con el régimen nazi no es un secreto. La propia empresa publicó
en el año 2000 un libro con su historia oficial donde reconoce que empleó trabajo forzado a
partir de 1939 y que su entonces director ejecutivo, Eugen Vögler, era miembro del partido
nazi. Es información que nunca había sido discutida ampliamente en Argentina, y que
nosotros, como miembros de la Fundación para el Desarrollo Entrerriano Gobernador Raúl
Lucio Uranga, desconocíamos.
Pero la referencia a una "huella nazi" sugiere algo distinto: que hubo una participación
personal de nazis en el proyecto. Y eso la propia crónica no lo respalda.
Entre la caída del nazismo y la licitación que ganó HOCHTIEF pasaron más de 16 años,
durante los cuales la empresa atravesó cambios en su conducción. No está claro si alguno
de los directivos o ingenieros que habían trabajado en proyectos del Tercer Reich participó
también en la construcción del túnel. La crónica de La Nación no lo aborda, y consideramos
que vale la pena investigarlo.
Lo que sí hace el artículo es inferir una conexión técnica entre la construcción del búnker de
Hitler y el túnel subfluvial cuando dice: "Nadie preguntó dónde había aprendido HOCHTIEF
a trabajar con esa precisión bajo tierra". No lo cuestionamos como recurso literario, pero
resulta improbable que los desafíos técnicos para construir un refugio antiaéreo hayan sido
los mismos que para hundir tubos de hormigón armado bajo un río caudaloso como el
Paraná.
El texto tampoco da a entender que simpatizantes nazis argentinos hayan participado del
proyecto, ni que los principales impulsores hayan tenido vínculos con el Partido Nazi
alemán. No existe evidencia histórica que sostenga algo así, a pesar de que sí hubo nazis
en Entre Ríos. Como destaca un artículo oportuno publicado este fin de semana por Daniel
Enz, hubo treinta y ocho locales del partido nazi en la provincia entre 1936 y 1942.
Otra aclaración necesaria es que sólo hubo un oferente en la licitación pública del túnel en
1961. Algo que podría entenderse por la complejidad técnica de la obra y los riesgos
financieros implicados por su escala. Había pocas empresas capaces de hacer el túnel.
HOCHTIEF construyó obras por todo el mundo después de la guerra. Y el túnel no fue el
único proyecto en Entre Ríos. Como parte de un consorcio de empresas, también participó
en la construcción del puente Rosario-Victoria.
La empresa nunca fue marginada del mercado internacional por su pasado. Hoy es parte
del Grupo ACS, una de las corporaciones de construcción más grandes del mundo,
presidida por Florentino Pérez, conocido también por ser el presidente del Real Madrid.
HOCHTIEF no es una anomalía entre las empresas alemanas que operaron bajo el Tercer
Reich. Casi todas las grandes industrias del país usaron trabajo forzado y prosperaron con
contratos del régimen: desde Siemens hasta Volkswagen, pasando por BMW, Daimler-
Benz, Bayer y BASF, entre otras.
HOCHTIEF reconoce públicamente su pasado nazi y aportó al fondo alemán de
compensación a ex trabajadores forzados, creado en el año 2000 tras demandas colectivas
en tribunales estadounidenses. Que la empresa haya cumplido con un fondo creado bajo
presión judicial no agota el debate sobre la responsabilidad de las firmas que prosperaron
con el régimen que ejecutó el mayor genocidio de la historia, y que siguen prosperando hoy.
La crónica de La Nación plantea que en el momento de la licitación del túnel no hubo
cuestionamientos a la empresa por parte de nadie: ni políticos, ni la comunidad judía, ni
periodistas. Quizás sea el planteo más interesante del texto y merece rescatarlo.
La Fundación para el Desarrollo Entrerriano tiene entre sus objetivos investigar el período
de gobierno de Raúl Uranga, y nos interesa abrir un debate riguroso sobre cómo fue la
licitación del túnel. Nos comprometemos a revisar el material de archivo disponible en Entre
Ríos y otras fuentes que puedan arrojar luz sobre preguntas concretas, como qué se sabía
entonces sobre los antecedentes de HOCHTIEF, qué consideraciones se tuvieron en cuenta
y quiénes eran los ejecutivos de la empresa que llevaron adelante el proyecto.
El túnel subfluvial fue una obra de voluntad federal que rompió décadas de aislamiento de la
Mesopotamia. Dos provincias decidieron llevar adelante un proyecto sin precedentes por su
cuenta ante la negativa del gobierno nacional, en medio de un momento político frágil. Hubo
dos golpes de estado entre el inicio y el final de las obras, que fueron inauguradas por una
dictadura militar en 1969.
Nada de esto impide revisar y debatir lo que sea necesario. Y nada de esto le quita al túnel
su lugar como hito del federalismo argentino: una obra que no tiene una huella nazi, pero
que sí tiene la marca de los miles de entrerrianos que cruzamos de una costa a la otra por
ese túnel que nos permitió construir una vida a través del río.
*Nélida Durana es presidenta de la Fundación para el Desarrollo Entrerriano Raúl Lucio
Uranga. Francisco Uranga es vicepresidente de la fundación.