La empresa, que había sido adquirida en 2020 por el empresario Carlos Rosales, no logró reunir las mayorías necesarias entre sus acreedores para aprobar un acuerdo preventivo. Tampoco prosperó la etapa de cramdown, instancia que permitía que terceros interesados presentaran propuestas para quedarse con la compañía.
Entre los activos que ahora quedarán bajo administración judicial se encuentran dos plantas industriales ubicadas en el sur del país, además de las marcas Garbarino y Compumundo. El juzgado deberá definir en las próximas etapas si estos bienes serán vendidos o subastados.
La defensa de Rosales
Tras conocerse la quiebra, Carlos Rosales habló públicamente por primera vez sobre el proceso y defendió su gestión al frente de la compañía. El empresario, que adquirió Garbarino en junio de 2020 a la familia fundadora, aseguró que la empresa ya atravesaba una situación crítica cuando decidió comprarla.
«Compramos una empresa que ya estaba profundamente en crisis. Estaba prácticamente en cesación de pagos y tenía apenas $30 millones de capital de trabajo. La adquirimos cuando nadie la quiso comprar a cambio de un peso y hacernos cargo de la deuda», afirmó.
Según Rosales, el diagnóstico inicial de la compañía cambió una vez que avanzó el proceso de gestión. «Hicimos un proceso de due diligence en plena pandemia y nos encontramos con un problema mucho más profundo. Pero ya estábamos en el partido y lo íbamos a jugar», señaló.
El plan de reconversión
De acuerdo con el empresario, su equipo había diseñado un plan de reconversión para adaptar el negocio a un modelo más eficiente, con menor cantidad de locales físicos y mayor foco en logística y comercio electrónico.
El proyecto contemplaba reducir la red de sucursales de unos 140 puntos de venta a cerca de 60, con una reorganización interna que buscaba evitar despidos masivos.
En ese marco, Rosales aseguró que la compañía también avanzaba en la refinanciación de sus pasivos con entidades financieras. «Refinanciamos deuda con los bancos por cerca de $500 millones, con entidades como Banco Santander y Banco Galicia, que equivalía a unos cinco o seis millones de dólares», explicó.
Sin embargo, sostuvo que el segundo cierre de actividades dispuesto durante la pandemia, en abril de 2021, terminó de afectar el proceso de recuperación. «La gestión venía bien, pero cuando un gobierno no tiene reglas claras, te mata. El nuevo aislamiento fue un golpe muy fuerte», afirmó.
El empresario también planteó que el desenlace podría haber sido diferente bajo otro contexto económico. “Si en la Argentina de 2021 hubieran existido condiciones de seguridad jurídica y estabilidad como lo que hay hoy en el país, ni por asomo Garbarino hubiera quebrado”, sostuvo.
Conflictos laborales y concurso preventivo
En paralelo, la empresa enfrentaba un importante pasivo laboral. Rosales reconoció que el volumen de personal representaba uno de los principales desafíos de la compañía. «El contingente laboral era muy grande», señaló.
Finalmente, en noviembre de 2021 Garbarino se presentó en concurso preventivo y avanzó con el despido de más de 1.800 trabajadores.
En ese contexto, el empresario también defendió el rol del sindicato de comercio y de su histórico dirigente, Armando Cavalieri. «Fueron muy injustos con él», aseguró.
«Nosotros pusimos todo para trabajar y tratar de ordenar la empresa. La idea era reconvertirla hacia el Garbarino del futuro, con más foco en logística y comercio electrónico», agregó.
El futuro de las marcas
Con la quiebra ya decretada, el futuro de los activos de la empresa quedará en manos del juzgado que encabeza Fernando D’Alessandro.
Además de las plantas industriales, las marcas Garbarino y Compumundo podrían generar interés entre inversores que evalúen relanzarlas en el mercado.
«Las marcas tienen mucho valor y mucho futuro. Algunos de los fondos que estuvieron mirando la empresa podrían interesarse en relanzarlas», afirmó Rosales.
Los próximos proyectos de Rosales
Antes de ingresar al negocio del retail, Carlos Rosales desarrolló su carrera en el sector de seguros con su empresa Prof Grupo Asegurador.
También tuvo participación en la vida política del club San Lorenzo de Almagro, donde integró una lista encabezada por Carlos Di Meglio y llegó a ocupar el cargo de protesorero durante la gestión en la que participó Marcelo Tinelli.
Durante su etapa al frente de Garbarino, la empresa también renovó acuerdos de patrocinio con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
En la actualidad, el empresario aseguró que analiza nuevas oportunidades de inversión junto a capitales internacionales. «Estoy mirando proyectos con fondos italianos en energía», indicó.
Fuente: La Nación