Se trata de un pequeño insecto que se encuentra principalmente en zonas cercanas a ríos, arroyos y cursos de agua, donde las condiciones ambientales favorecen su reproducción.
A diferencia del mosquito, el barigüí no pica, sino que muerde la piel, cortándola con pequeñas garras para alimentarse de la sangre que brota de la herida. Especialistas advirtieron que la mordedura puede provocar dolor intenso, enrojecimiento, hinchazón y picazón, y que en algunas personas puede desencadenar reacciones alérgicas, con síntomas como inflamación marcada, ardor en la piel o fiebre.
Además, suele dejar manchas rojas y heridas costrosas que tardan varios días en desaparecer.
Desde el ámbito sanitario recomiendan no rascarse la zona afectada, ya que esto puede favorecer la aparición de infecciones, producto de bacterias o patógenos presentes en las manos o las uñas.
En caso de sufrir la mordedura de un barigüí, se recomienda lavar la zona con agua y jabón lo antes posible, aplicar hielo o compresas frías para disminuir la inflamación y utilizar cremas calmantes o antihistamínicas. Ante la aparición de síntomas alérgicos, se aconseja consultar a un médico.