La celebración fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Gustavo Zurbriggen, en compañía de varios sacerdotes, fue oficiada en el atrio de la Catedral San Antonio de Padua, madre de todas las iglesias de la diócesis.
Esta actividad reunió a familias y a decenas de jóvenes que desde el domingo están participando de la misión diocesana que se realiza en diez parroquias de la ciudad. Estos jóvenes recibieron del obispo su bendición y envío misionero
. En su homilía, el obispo explicó que en el lema del año jubilar “está la síntesis de nuestra fe, porque expresa el amor infinito de Dios manifestado en Cristo Jesús, quien nos asegura el perdón y la vida eterna”. “Todos somos destinatarios de la gracia y del amor misericordioso de Dios”, sostuvo Zurbriggen, quien destacó además que es en la fiesta de la Epifanía donde “recordamos, celebramos y agradecemos la manifestación del niño Jesús a los pueblos paganos representado en los tres reyes magos, es decir, el mensaje de salvación se extiende al mundo entero”.
La clausura del año jubilar se realizó en el marco de la misión diocesana de verano, y en este sentido, el obispo invitó a los misioneros a “compartir y contagiar más que conocimientos, la verdadera experiencia de nuestro amor a Jesucristo”, la cual consignó debe manifestarse en “gestos de cercanía, escucha, amistad y ternura con todos los hermanos”.
Para concluir su mensaje, y teniendo presente los frutos del año jubilar, monseñor Gustavo expresó que “desde lo más profundo de nuestro corazón, deseamos que las comunidades parroquiales vivan como una gran familia, que acoge, ama, abraza y contiene a cada hermano que se acerca (…) para que la Iglesia sea la casa de todos y donde todos se sientan hijos de un mismo Padre”.
Fuente: El Entre Ríos