Tal vez algunos de los diálogos más diletantes entre Domecq y Suárez Lynch se
habrán producido durante esas largas horas en que la operadora intentaba
conectar a través del antiguo teléfono semi público del bar con la Ciudad de
Buenos Aires. Quizás la gran amistad entre ellos, que ya a esta altura debemos
llamar Bioy Casares y Borges, se produjo durante esas largas horas de espera,
sentados en una mesa pequeña, entre hojas y lápices, riéndose alrededor de la
redacción del folleto “La Leche Cuajada de la Martona” o de cualquiera de sus
otras invenciones fantásticas.
Puede ser que en esos años de amistad uno le comentara al otro sobre los
detalles de lo que hoy podría bien llamarse inteligencia artificial, mientras el otro
buscaba los detalles del mejor delito que años más tarde se publicarían en la
Colección del Séptimo Círculo. Entre tanto Silvina, la menor de las hermanas,
observaba esa amistad con atención y se preguntaba “de qué se reirán tanto”,
mientras, intentaba ordenar algo en la cocina de la vieja estancia Rincón Viejo,
donde tras las diletancias, los dos hombres regresaban a terminar las bucólicas
tardes de verano.
Juro que con sólo escuchar esas historias ya quiero conocer Pardo, este Paraje de
200 habitantes donde Bioy Casares Padre tuvo su campo y donde su hijo, Adolfo
(alias Domecq), volvió y volvió durante toda su vida con su esposa, la bella Silvina
Ocampo y su gran amigo Jorge Luis Borges (alias Suárez Lynch). Ellos, junto al
entorno de Victoria Ocampo, la hermana mayor, la poeta Alejandra Pizarnik,
Mallea, Sábato, Mujica Lainez, Girondo, y demás nombres gigantes, constituyeron
alrededor del Grupo Sur un hito en la literatura hispanoamericana que cambió la
cultura argentina.
El Paraje del asombro
Pardo, ese pequeño pueblito del Municipio de Las Flores, cumple 150 años con
esta y otras historias y el festejo será la excusa perfecta para reconocer en las
apenas seis cuadras del Paraje muchos de los escenarios que Bioy y Borges
habrán recorrido en sus interminables encuentros camperos.
La Profesora Nora Genaro fue la que le puso nombres de árboles a cada una de
las 6 calles de la localidad: Los Pinos, Las Acacias, Los Plátanos, Las Palmeras y
Los Cipreses. Ella escribió el primer libro que cuenta la historia del Club, creado
en 1920 con muchas actas originales de la historia del pueblo. También hizo un
estudio de todos los parajes de la zona y les puso la fecha de inauguración a cada
uno como Rosas, Del Trigo. Por ella es que el 18 de septiembre se cumplen los
150 años de Pardo. Hoy, con sus 80 y tantos años, aún camina por las calles del
pueblo recordando viejas historias que plasmó en sus escritos y contó a tantos
niños y adultos desde la Escuela local.
Pardo convoca con su sencillez a recorrer los pequeños y grandes secretos de la
Provincia de Buenos Aires. Icono del turismo comunitario y slow, ofrece caminatas
y recorridos por sitios como Yamay ecoturismo, un emprendimiento que se define
como una experiencia educativa sobre la vida sustentable, donde alojarse en
alguna de sus 4 yurtas.
Otros sitios de interés son Las Cabañas Angel Viejo, que invitan a desconectarse
de la gran ciudad, al igual que la Casa de Campo La Palmera o la Chacra Don
Julio, entre otros. Para la gastronomía cuentan La Pulpería, decorada con una
gran colección de teléfonos de todas las épocas y otras antigüedades instalada en
aquella misma Estación del YPF donde Fredy atiende en forma personalizada. Se
suman Ayres de Pardo, Almacén La Terminal donde llega y parte el micro que va 2
veces por día a Buenos Aires, el Almacén Casa Lamaro, el De García. Enfrente se
está instalando el primer Parador de Camping local y a pocas cuadras se está
restaurando por completo el histórico hotel Casa Bioy.
Un imperdible en este paseo al pasado es la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro, edificada en 1892 y a la cual se puede llegar por una calle de tierra
cercana al centro. Fue una donación de la familia Bioy al igual que la Escuela y el
predio del Club. En la estación del Ferrocarril se encuentra el Museo y Biblioteca
Adolfo Bioy Casares y en las afueras, a campo abierto, se encuentra el antiguo
Puente de Hierro sobre el Canal 11.
“El nuestro es un pueblito muy chiquito donde la gente de los campos de alrededor
se reúne y para ellos se brindan todas las necesidades. La gente anda en
bicicleta, la deja afuera y nadie la toca, hay mucha seguridad y se vive tranquilo, a
su ritmo , con las puertas abiertas. Todavía existe el fiado y son varios los que han
llegado en los últimos años a vivir y desarrollar sus negocios buscando la paz de
nuestro lugar en el mundo” cuenta un vecino.
El festejo de los 150 años se viene con todo. Pardo se ubica a 40km de la
ciudad cabecera de Las Flores, a 3 km de la Ruta Nacional 3 km 223 y el fin
de semana del 19 y 20 de septiembre todos se van preparando para festejar,
en la Plazoleta Pablo Lamaro, con música, desfile, feria, juegos campestres y
muchas sorpresas más.