Locales
27.12.2010 - 11:02 hs.       se leyó 1860 veces
Por Porf. Ana María Silvano.
"Herencia de familia" el libro que reconstruye el triple crimen que conmocionó a Concordia.
El libro que saldrá a la venta en pocos días narra la crónica de la tragedia ocurrida en Concordia el 18 de noviembre de 2007 cuando Matías Bressán de 17 años asesinó a su padre, Miguel Bressán, Secretario del Juzgado de Instruncción de Concordia, a la esposa, María Celia Taleb, y al pequeño hijo de 18 meses en la chacra del funcionario judicial.

Además de los hechos en sí, el autor trata de explicar la trama oculta de una historia de poder, violencia y perversión.

Matías Bressán, fue al sepelio del matrimonio y su hijo efectuado en la ciudad de Victoria, Entre Ríos. A su regreso se quebró y admitió la autoría hecho. Como tenía 17 años no fue preso. Lo enviaron a un hogar en Paraná, bajo la tutela de un pastor evangelista. Hoy estudia Derecho en la UNL. En el juicio lo sindicaron como autor material y responsable del hecho, aunque sin pena por ser menor de edad todavía. Todo indicaría que en marzo de 2011 se decidiría la continuidad de su tratamiento asistido por el pastor, sin pasar por la cárcel.

Un cuadro de época.

Con estas palabras, en el prólogo, el periodista Reinaldo Sietecase define la historia inicial de los orígenes en el tiempo de Miguel Bressán y María Celia Taleb, ambos oriundos de la ciudad de Victoria de nuestra provincia.  

Al  contar Enz,  sus historias personales y ubicarlas en un contexto histórico que va desde la última dictadura a la actualidad, le permite explayarse en algo que hace años viene investigando: el funcionamiento del poder. Convengamos que esta tragedia conmocionó a la ciudad de Concordia como así también impactó en la ciudad de Victoria que vio crecer al matrimonio. Una pareja que no compartía los mismos niveles socioeconómicos, que sufre un cambio de roles sociales y económicos en su transcurso, y una hipocresía y perversión inusitada en ambos. Ya el libro inicia con una historia investigada y que casi todos los que se vieron impactados con el caso están deseosos por conocer. Ante la tragedia, surgen interrogantes que tratará el libro entro otros: ¿ cómo eran Miguel y María Celia antes de llegar a Concordia.?,  ¿ qué era de sus vidas antes de instalarse en Concordia con este desenlace fatal?.

LOS ACTORES DE LA HISTORIA TRÁGICA

 Bressán tenía doble vida. Vivía entre lo perverso y lo amoral, con muchas deudas económicas, su hijo Matías, vivía en el rencor del hijo “bastardo“, María Celia en las apariencias y la hipocresía, Norma Bernhardt, la amante, en la sumisión infinita. Y el niño de 18 meses, en la inocencia inexplicable de una situación que no eligió estar. Todos ellos dan un aporte no sólo dramático sino de distintas teorías que surgen del hecho, sus implicancias y su ubicación histórica en el aspecto social y privado.
 
ADELANTO DEL CAPÍTULO VII- “UN DÍA DE FURIA”

   -Matías, mañana no aparezcas por la chacra porque voy a venir con María Celia y el nene. Y vos sabés cómo se pone la Gorda si te ve. No sé por qué se le antojó venir este domingo, creo que está emputecida con eso de arreglar el jardín de mierda que pretende hacer a la entrada. Avisale a tu madre, porque hay que suspender lo que teníamos previsto, de juntarnos acá.

   El chico apenas si esbozó una sonrisa y alcanzó a balbucear un “está bien”. Esa noche iba a dormir allí porque no había nadie para cuidar el lugar, pero se tendría que adaptar a los cambios de planes, como siempre sucedía. (…)

   Matías había ocultado su bronca por la frustración de las actividades del domingo. Pero no porque no la sintiera. Era el día que más esperaba en la semana porque Miguel lo destinaba a él, su madre y sus hermanos. Era el día de ellos, de compartir cosas, comer juntos y cuando, de alguna manera, lo podía mirar a Miguel como un padre. Sus hermanos nunca habían podido romper esa distancia porque el abogado jamás hizo el intento. La excepción era Matías.
   - Te aviso que mañana no podemos ir a la chacra. Nos cagó la Gorda porque se le ocurrió hacer el jardín- le dijo Matías a su madre, a poco de entrar a la humilde casa.
   -Bue…ya estamos acostumbrados a estas cosas de tu padre. Él siempre termina resignando cosas nuestras.

   Matías pensó un rato si salía a la noche, pero finalmente desistió de la idea. El día siguiente no era un domingo más para él. Era un día particular.

***

   Miguel Bressán se acostó temprano esa noche del sábado. Su hijo Matías, a pocas cuadras hizo lo mismo. Al día siguiente, domingo 18, el chico se levantó temprano y esperó a ver si su padre lo pasaba a buscar a las 10, pero Miguel nunca llegó. “Esa Gorda me volvió a cagar; no me puede cagar así toda la vida”, pensó. Hacía varias semanas que venía maquinando la idea de “hacer algo” contra la esposa de su padre porque no soportaba más el odio y la discriminación de los que era víctima. Tenía un plan en su cabeza, pero lo frenaba la pelea interna que le generaban sus propias ideas.

   Cerca de las 10 y 30 el chico salió de su casa y empezó a caminar por calle Pellegrini. Iba llegando a la esquina de una pollería cuando vio un remís y le hizo seña.
-¿Cuánto me cobra por llevarme hasta Colonia Yeruá?- consultó.
-Ya te averiguo- respondió el chofer.
-En realidad, preciso ir hasta una chacra que está para adentro unos seis o siete kilómetros.

***

Matías subió al auto y se ubicó en el lado del acompañante, en la parte trasera. El chofer lo observó por el espejo retrovisor unos segundos y le llamó la atención que mirara tanto para atrás, como preocupado de que alguien lo siguiera. Por un instante pensó que quizás lo podía asaltar, pero pronto desestimó esa idea. Al chico no le daba el perfil. Matías estaba lúcido, vestido de oscuro, llevaba una pequeña mochila y no le cayó mal al conductor. En la mochila llevaba dos pistolas: una 22, que era de su abuelo, el padre de Miguel Bressán, que se la regaló poco antes de morir, la otra calibre 380 que su padre había sustraído del juzgado.

***

   Caminó los setecientos cincuenta metros que lo separaban de la tranquera, abrió el candado con su llave personal y se quedó solo en la chacra. (…) Tomó como guarida el viejo galpón ubicado a metros de la casa. Era el lugar en el que se escondía cuando la esposa de su padre llegaba sin aviso. Alguna vez, hasta su madre tuvo que permanecer oculta en ese lugar, ante la visita inesperada de María Celia. Sabía que iban a llegar después del mediodía, pero no tenía bien determinado el horario.

***

   Matías entraba y salía del galpón. Estaba decidido: iba a matar a la mujer de su padre y así tomar revancha de una buena vez de tanto destrato. (…)

   Estaba afuera cuando, a la distancia, escuchó que llegaba la camioneta de su padre. Eran las 16 y 30 de un domingo de sol, pero con pronóstico de mal tiempo para la noche. Miguel Bressán entró a la casa y al rato se sentó en la galería, en el sillón de hierro, a tomar un poco de aire, pensando en preparar el mate. Se acomodó el sombrero de paja que siempre usaba allí y quedó mirando a los lejos.
-¿Vos te vas a quedar así?. ¿No te pensás poner más cómodo?-preguntó su mujer.
-Estoy bien así-contestó parco.
   María Celia fue hasta la pieza a cambiarse. Se quedó con traje de baño enterizo y alpargatas. Cargó unos utensilios de jardinería y se instaló cerca de la tranquera a realizar las tareas que había previsto. A escasos metros, el hijo de ambos, Facundo, de un año y ocho meses, se puso a jugar con la manguera, que estaba conectada a una canilla cercana a donde estaba su madre. María Celia alcanzó a preguntarle si le bajaba la pelota de vóley de la camioneta, pero el niño no quiso.

   Matías siguió la escena con atención a través de la puerta entreabierta del galpón. Puteó en silencio varias veces cuando escuchaba a María Celia retar a los gritos al pequeño. “Gorda de mierda, cómo vas a tratar así a ese gurí”, repetía para sí. Se puso y se sacó la media de la cabeza por lo menos en tres oportunidades. Se daba aliento a sí mismo. Pensó en Dios, pero también en el Diablo. Sentía que Satanás lo empujaba al crimen a cada minuto, pero sus creencias religiosas lo frenaban. Era como que el deseo de vengarse se iba apropiando de su cuerpo. luego
   Las palabras de la mujer de Bressán lo violentaron como pocas veces y lo transformaron en lo más parecido a una bestia. “Miguel, ¿qué hace ese guacho hijo de puta en el galpón?. ¿No era que no iba a haber nadie en la chacra?. ¿Qué carajo se creen, carajo?”, espetó la mujer al divisar al chico.
 -¿De qué estás hablando?-preguntó Bressán.
-¡ De ese pendejo de mierda que tenés de hijo, que está escondido en el galpón!- insistió a los gritos María Celia.
   Matías tiró la media de nylon al suelo y salió corriendo, con una pistola en cada mano. “¡ Hija de mil puta, te voy a matar, te voy a matar!”, repetía a los alaridos, mirando fijo a la mujer. Su padre intentó salirle al cruce. “¡Qué hacés!, ¡qué hacés!, no seas cobarde!” alcanzó a gritarle. Matías le disparó dos veces con la pistola 22, a unos diez metros de distancia. Un tiro le pegó en el omóplato y el otro en la espalda. Miguel cayó pesadamente.
   María Celia intentó correr hacia la tranquera, pero el pibe fue en su búsqueda y le descargó dos proyectiles de la pistola 380 que la dejaron boqueando, de espaldas, casi colgada de un carro de ganado hecho de madera y hierro, prácticamente como si fuese una res más del lugar.

   Matías giró sobre sus pasos, avanzó unos metros y observó que su padre se ahogaba por la hemorragia interna. Llegó a él y miró durante unos segundos cómo se iba muriendo, en especial por las heridas provocadas en un pulmón, el corazón y un riñón. Lo liquidó disparándole esta vez con la 380. Una de las balas fue derecho al pecho, perforó el porta documentos que tenía en el bolsillo izquierdo de la camisa y alcanzó el corazón, provocándole un desgarro de casi 10 centímetros.

- Sos una basura…-fue lo último que le dijo Bressán.
- De una basura, sale otra basura- le alcanzó a replicar Matías y terminó rematándolo con otros dos tiros. Bressán quedó tendido boca arriba, con las piernas y los brazos abiertos, a unos quince metros de su esposa.
   El pequeño Facundo no paraba de llorar. Matías volvió sobre María Celia y la ultimó con otros cuatro disparos. Luego, tomó al nene de la mano, lo trasladó unos metros, se sentó con él, rezó una oración y lo puso de espaldas. Lo mató sin mirarlo, con cinco disparos efectuados a unos tres metros de distancia.
    El joven intentó volarse la cabeza, pero ya no tenía más proyectiles en la pistola 380, que fue el arma que utilizó para asesinar a María Celia, al nene y para rematar a su padre. Tomó la 22, con la que había efectuado dos de los tiros a Miguel, pero desistió de la idea. “Esta no mata. Voy a quedar loco y discapacitado”, pensó.

   Lo único que lo quebró de la escena sangrienta que había a su alrededor fue la imagen del niño muerto. Fue hasta la casa, trajo una camisa de jean, lo puso boca arriba y lo cubrió. Escondió las armas y entró y salió varias veces de la casa para ver cómo había quedado la escena. Incluso, hasta se ocupó de tumbar algunas sillas y correr algo la mesa de la cocina, como intentando simular algún forcejeo antes de las muertes. Subió a la camioneta de su padre y salió a toda velocidad, sorprendiendo incluso a algunos vecinos que no desconocían que cuando la Ford Ranger pasaba así de acelerada era Matías quien estaba al volante. Cometió el error de dejar nuevamente con candado la tranquera, del lado de afuera.

SOBRE EL AUTOR:

  Daniel Enz es de Reconquista, Santa Fe. Reside desde 1991 en Entre Ríos (Paraná). Es periodista de amplia trayectoria en medios destacados de todo el país, tanto provinciales como nacionales. Desde 1990 es director del Semanario Análisis de la Actualidad y de la web análisis digital. Autor de varios libros como “Rebeldes y Ejecutores” (1995 y ampliación de 2008), “Código de Fuego” (2001), “El día del juicio” (2003), “Las Flores de Fernanda” (2005) y “Tierras S.A.” (2006) junto con Andrés Klipphan.

  FICHA DEL LIBRO
- “Herencia de familia, crónica de un triple crimen”
-Autor: Daniel Enz
-190 páginas, 10 capítulos
-Prólogo: Reinaldo Sietecase
-Diseño de tapa: Fabiola Claret
 


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